lunes, 11 de agosto de 2014

La noche, anoche, fue nuestra como siempre, amor.
Pero no te enojes: la compartí un poquito. Pensé que quizás fuera bueno distraernos una vez de la entrada en el baño del bar de la muñeca que agarra la mano y se apoya en la pared, del beso en la quijada y las lamidas leves y suaves de los labios y mi lengua y el sostener la puerta con tus piernas correr largos pelos del cuello y morder. Distraernos, apenas, de las risitas de siempre y los ojos risueños los dedos porfiados que siguen persiguiendo a la pollera. No mucho, tampoco, amor.
Fue solo un rato que pensamos en otra vida y otras personas viviendo, haciendo las camas, escribiendo un ensayo, lavando los vidrios con un papel de diario. 
Un rato, amor, de nuestras largas y repetidas noches nuestras.

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