Hoy planeamos enviar un regalo. Pero no podemos enviarlo realmente porque, ya sabes.
Bueno, tú debes saber. De seguro ni ellos ni yo lo sabemos. Pero oye, hey, no nos debes explicación alguna. Pensaremos aquí la mejor manera de envolver el regalo y hacerlo perfecto para que encaje entre las rejas de tu casa y que nadie pueda verlo más que tú. Te diremos qué es antes de que lo encuentres, porque así somos de ansiosas. Nunca sabremos si te gustó o lo odiaste. Si creíste que jamás debimos estar tras tus rejas. Probablemente disimules e intentes consolarnos; después de todo, no ocurrió nada de esto porque no podíamos enviarte el regalo, ya sabes.
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